NIÑOS TIRANOS

NIÑOS TIRANOS

Cuando hablamos del Síndrome del Emperador o del Niño Tirano, nos referimos a toda una serie de comportamientos y actitudes del niño/a encaminados a dominar psicológicamente a los padres u otros cuidadores.
A largo plazo, podría derivar en adolescentes violentos, que utilizarían con frecuencia, la fuerza física para controlar y dominar a los demás. (padres, profesores, pareja…)
Entre las características más relevantes que presentan estos niños/as, podemos apuntar:
1. Casi siempre se muestran tristes o enfadados.
2. Tienen un sentimiento exagerado de la propiedad. La frase que más les gusta es: “¡Es mío!
3. Muchas veces utilizan la rabieta, pataletas o gritos, para conseguir lo que desean.
4. Exigen continuamente atención por parte de sus padres.
5. No soportan la frustración: no saben admitir un “No” por respuesta.
6. Discuten siempre las normas que se les imponen.
7. No reconocen las figuras de autoridad, ni en casa ni en la escuela.
Causas por las que un niño/a puede presentar este tipo de conductas.
1. Influencia del estilo educativo de los padres
Se ha pasado a una generación, en que no se sabe muy bien cómo marcar los límites a los niños/a. Los padres no asumen el rol de educadores ya que, en general, durante la semana se pasa poco tiempo con los hijos/as y son otros (abuelos, cuidadoras, etc.) los que asumen ese rol. Algunos padres, tienen miedo de frustrar a los hijos/as y no quieren imponerles casi ninguna norma evitando, en lo posible, decirles “No“a nada.
Otras veces, existe una evidente discrepancia entre los mismos padres en cómo educar a los niños/as, ya sea por falta de criterio, porque los padres están separados o porque simplemente falta una comunicación fluida dentro de la pareja.
2. Influencia social
Los niños/as se están criando en una sociedad consumista, donde prima lo inmediato y lo que se consigue sin esfuerzo. Una sociedad, en definitiva, que premia el éxito fácil y rápido.
Qué pueden hacer los padres.
1. Pasar más tiempo de “calidad” con sus hijos:
2. No intentar ser amigos de los hijos. Imponer disciplina y respeto. Sin dejar de ser afectivos.
3. Establecer unas normas y límites claros
4. Primar el consenso entre los padres.
5. No imponer castigos que nunca se cumplen. Reforzar las conductas positivas.
6. Lograr que los niños se responsabilicen de sus obligaciones y de ciertas tareas.
7. No sobreproteger a los niños. Perder el miedo a decirles “No”. Frustrar sus expectativas de vez en cuando.
8. Si los síntomas perduran en el tiempo, buscar un profesional, para marcar pautas y una intervención psicológica que dependerá de la edad del niño/a.

Julio Prol

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